Ayer estuve en una exposición de animales de campo y el contexto me hizo reflexionar.
Los animales parecían objetivados. En espacios mínimos, son tratados como fábricas de comida a las que hay que alimentar durante un tiempo para luego generar hamburguesas.
Se trata de una deshumanización absoluta. Y uso el término a propósito. No pude evitar ver que eran seres con ojos, con miradas. Una oveja estaba siendo esquilada en una posición que, se notaba, le resultaba incómoda. Y por momentos le dolía el paso de la máquina. Los animales pasaban sus vidas con las condiciones mínimas para llegar a la edad y tamaño deseados. Quienes pasaban tiempo con ellos no los veían como seres, sino como cosas.
La comparación es burda, pero eso es lo primero que ocurre en un campo de concentración: se reemplazan nombres por números, todos se visten igual; pasan a ser objetos. Cuando esto ocurre es más fácil torturarlos y matarlos. Ya no son personas como uno.
Como economista que se acerca a ser liberal, creo en la libre elección. Pero me pregunto qué tan válida es una elección que omite información relevante. La comida que compramos ya no tiene la forma del animal que la produjo, y eso no es casualidad.
¿Cómo voy a sentirme mal por comprar patitas de pollo rebozadas en una bolsa plástica? ¿Y si yo tuviera que matar al pollo? ¿Y si tuviera que ver como lo hacen? El producto es el mismo, pero la elección cambiaría.
Lo extrapolo un poco más y pienso en el aborto, la guerra o hasta la inseguridad ¿Cuántos dirían "hay que matarlos a todos" si tuvieran, al menos, que presenciarlo? ¿Elegimos libremente? ¿Apoyaríamos a gobernantes corruptos si los viéramos cuando cierran sus negociados?
¿Y si nos preocupamos por que haya más cámaras y ojos en lugar de menos? Quizás seamos más libres.
©Nanopoder beta - ideas a medio elaborar con potencial de prosperar o destruirse. La casa no se hace responsable por el porcentaje de idioteces que pudiere surgir.


