4.000 años de controles de precios y salarios

4000 años de controles de precios y salarios

La inflación trasciende al tiempo

La inflación no es un problema reciente en la vida económica. Existe desde hace miles de años y, en rigor, la causa es siempre la misma: el descontrol del gasto estatal y la manipulación gubernamental de la moneda. Pero a pesar de esas similitudes, dada la evolución de los sistemas monetarios, las formas concretas en las que el fenómeno tuvo lugar fueron diferentes a lo largo de los tiempos. La investigación histórica sobre el tema consiste, por lo tanto, en establecer los parecidos y los contrastes entre los modos en los que la inflación se manifestó a lo largo de las distintas épocas.

De eso trata el libro 4.000 años de controles de precios y salarios, de Robert Schuettinger y Eamonn Butler. Con buena documentación (aunque naturalmente fragmentaria, dada la escasez de datos directos) explican casos de inflaciones y crisis económicas en Egipto, Sumeria, Babilonia, China, India y, con un poco más de detalle y precisión, Grecia.

Luego, viene un capítulo referido a la economía del Imperio Romano, ya más documentado y mejor interpretado. En este segmento, en particular, es interesante el período referido al emperador Diocleciano, que intentó aplicar un férreo control de precios, cuyo listado aparece en un apéndice del libro, y resulta ilustrativo para conocer los hábitos de consumo de la época. Pero en términos estrictamente explicativos, el libro narra el proceso de degradación del denario de plata, que era la moneda histórica desde los comienzos de la República romana.

Durante la Edad Media, los debates sobre economía estaban teñidos de consideraciones de índole religiosa. Francia, Inglaterra y Bélgica son los países mencionados donde los reyes intentaron aplicar precios máximos en contextos inflacionarios, con los consabidos fracasos. Pero lo llamativo es cómo se repiten los argumentos para fundamentar estas políticas y, al mismo tiempo, cambia la forma de presentarlos, de modo que parezcan novedades. Lo interesante es que en estos tiempos empezaban a aparecer economistas teóricos que, rudimentariamente, argumentaban (la obra presenta estos análisis) en contra de las políticas monetarias expansionistas y los burdos intentos por controlar los precios.

Después de narrar algunas experiencias en las etapas iniciales de la historia de Estados Unidos y Canadá, aparece un capítulo dedicado a tratar la política económica de la Francia revolucionaria. Es llamativo ver cómo, a pesar del terror empleado, del poder absoluto de aquellos gobernantes jacobinos, y de la inescrupulosidad para aplicar cualquier método, los múltiples y contradictorios planes ejecutados para controlar la economía, asegurar el abastecimiento de productos básicos y evitar la especulación, fracasaron inexorablemente, hasta que fueron finalmente derogados.

Durante el siglo XIX, tuvo lugar el famoso debate en Inglaterra referido a las leyes que regulaban la comercialización de cereales, férreamente defendidas por los terratenientes, pero claramente perjudiciales para el pueblo en general. La derogación de esas leyes, que diera lugar a la época de mayor libertad económica de la historia, constituye una de las narraciones del libro, como asimismo, poco después, la fallida experiencia de los estados confederados (sureños) durante la Guerra de Secesión de Estados Unidos.

La finalización de la Primera Guerra Mundial marcó también la conclusión de la etapa librecambista que se había aplicado durante la mayor parte del siglo XIX. Amplios debates se suscitaron, entonces, en cada uno de los países que habían pasado por la experiencia de la guerra, para definir la orientación de su política económica. Y, una vez más, las discusiones giraron alrededor de los controles de precios y la fijación del volumen monetario que sería lanzado al mercado.

Los capítulos finales del libro narran experiencias más recientes, todas ellas del siglo XX, y, por lo tanto, están respaldadas por amplia documentación. Particularmente dignas de mención son la hiperinflación de la Alemania de 1923, los controles de precios durante el nacionalsocialismo y en la Unión Soviética, y los intentos, en diversos países, de aplicar controles sobre los montos de los alquileres de viviendas.

Después de concluir con los análisis de los casos históricos, el trabajo desarrolla una serie de reflexiones sencillas de naturaleza teórica respecto de las causas de la inflación, los efectos que provoca y el modo de superarla.

En el balance final, se trata de un libro ameno e instructivo, que incentiva la reflexión y contribuye a la comprensión y a la toma de conciencia en relación a dos problemas (la inflación y el control de precios) que, a esta altura, en la mayor parte del mundo, están transitoriamente controlados (aunque la Argentina es una excepción) pero que podrían reaparecer imprevistamente, ni bien surjan gobiernos con propensiones populistas (de hecho, están apareciendo en Europa) que se propongan intentar la búsqueda del éxito fácil y rápido, aunque sin sustento en el largo plazo.