Manifiesto libertario

Hacia una nueva libertad o Manifiesto libertario, de Murray Rothbard

La libertad, llevada hasta sus últimas consecuencias

El norteamericano Murray Rothbard (1926-1995) fue un pensador que llevó hasta límites muy extremos las ideas orientadas hacia la defensa de las libertades individuales. Básicamente, Rothbard era un anarquista y los fundamentos de sus ideas quedaron plasmados en la obra Hacia una nueva libertad o Manifiesto libertario.

Todo el libro es una severa, coherente y hábil crítica hacia la existencia del Estado y un intento de presentar la posibilidad de establecer un orden social sin autoridades formales. En un análisis detallado, el conjunto del pensamiento de Rothbard contiene razonamientos cuya consistencia resulta muy discutible, lo cual no obsta para que, en relación a ciertas cuestiones puntuales, sus ideas resulten esclarecedoras.

Por ejemplo, en el Capítulo 12, con mucha precisión, Rothbard explica cómo la penalización de actividades como el tráfico de drogas y la prostitución son los factores que incentivan la corrupción de las autoridades, en particular de policías y jueces, justamente los encargados de combatir esos delitos. De ese razonamiento, deduce el autor la conveniencia de anular el carácter criminal de esas actividades. Si la droga y la prostitución dejaran de ser delitos, no habría corrupción asociada a la comisión de esas ilegalidades, es el núcleo del análisis rothbardiano.

Este criterio de análisis está sustentado en una muy consecuente defensa de los principios del individualismo que, en la tradición estadounidense, está ligada a la acción de los fundadores de la Nación. Rothbard denuncia, en los capítulos iniciales del libro, cómo el espíritu fundacional de los Estados Unidos fue perdiéndose en el transcurso de la historia y reclama reencontrarlo.

La línea conductora de la argumentación de Rothbard –y, a la vez, el factor que torna más polémico su aporte− es que todos los problemas se derivan, no del mal funcionamiento, sino directamente de la existencia del Estado. De ese modo, el autor descarta la alternativa de que el desenvolvimiento del Estado pueda ser mejorado. Y esto termina por ser contradictorio porque, en determinados temas críticos, plantea supuestas soluciones que revelan cierto desconocimiento del modo en el que los problemas se presentan.

La idea conductora del pensamiento rothbardiano es que el mercado provee soluciones eficientes para absolutamente todos los problemas y, por lo tanto, la existencia del Estado es innecesaria. Esta argumentación admite una observación a la cual tanto Rothbard como sus seguidores omiten refutar: el hecho de que, para que el mercado pueda operar eficazmente, es necesaria una estructura estatal en la cual el mercado se enmarque. El concepto de que el propio mercado puede definir el marco para que el mercado opere encierra una inconsistencia lógica.

La consecuencia de este desborde es que una idea que conceptualmente está bien encauzada –la reivindicación del individualismo como fundamento del orden social− termina debilitándose a sí misma por pretender atribuirle un alcance excesivo.

Sin perjuicio de este enfoque –que es, por supuesto, discutible, como cualquier apreciación subjetiva− la lectura del libro es recomendable porque las ideas que contiene representan un abordaje refrescante y removedor de conceptos que, de tan “atornillados”, solemos dar por válidos sin cuestionárnoslos. En ese sentido Rothbard es un autor revulsivo, a veces chocante, ácido y, por momentos, encantadoramente ingenuo.

En la parte final de la obra, el autor define una estrategia política para alcanzar sus objetivos y, paradójicamente por tratarse de alguien tan idealista, presenta enfoques muy realistas, pragmáticos, sensatos. No propone cambios radicales en forma inmediata. Por el contrario, sugiere una acción sistemática, perseverante y gradualista.

En el balance global, Hacia una nueva libertad es uno de esos libros a los que vale la pena leer, analizar, pensar sobre ellos pero, al mismo tiempo, ser crítico con las pretendidas verdades absolutas que postula. Como toda obra polémica, tendrá admiradores y detractores. Para poder saber en qué lugar ubicarse, conviene leerlo con atención.